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miércoles, 18 de septiembre de 2013

La "Cordura de la Mediocridad"

Es la cordura de la mediocridad la que eclipsa a los que niegan el horizonte, nombra los impulsos e intenta apagar la luz de los que se guían por la estrella del norte. Pero es la misma cordura mediocre la que establece los designios de la razón y fuerza a los que se permitieron hacer de su vida pura estética, a no desviarse del camino.

En un estúpido intento de dar sentido y nombre a su ficción, la cordura de la mediocridad, produce definiciones de conceptos para ella incomprensibles. Es decir, cadenas de oro para el SER de los más grandes.


Afortunadamente, en esta batalla continua, la intensidad de la locura de los que verdaderamente viven es capaz de velar la película que los captura y como hojas que caen en otoño, van en busca de su propia primavera. Por un instante la cordura se distingue a sí misma, aunque igualmente mediocre.

¡Maldita cordura, maldita mediocridad… acabaron secando el mar!

jueves, 3 de junio de 2010

La "exformación" en la arquitectura.

Una de las razones por las que he decidido hablar en público sobre un tema por el que posiblemente reciba alguna crítica de mi entorno más cercano es la oportunidad de apelar a la inteligencia de mis lectores más benévolos e intentar dar otro punto de vista.
Antes de comenzar intentaré hacer una síntesis más o menos exacta de lo que los entendidos en comunicación han dado en denominar “exformación” y para ello recurriré a “Una pequeña fábula” de Kafka:

“¡Ay! -dijo el ratón-. El mundo se hace cada día más pequeño. Al principio era tan grande que le tenía miedo. Corría y corría y por cierto que me alegraba ver esos muros, a diestra y siniestra, en la distancia. Pero esas paredes se estrechan tan rápido que me encuentro en el último cuarto y ahí en el rincón está la trampa sobre la cual debo pasar.
-Todo lo que debes hacer es cambiar de rumbo -dijo el gato... y se lo comió.”

Así pues, la “exformación” supone omitir cierta cantidad de información vital de una comunicación pero inducida por la misma, de forma que cause el fenómeno de asociación y así el receptor relacione cada parte de la propia información. 

Éste será, según D. F. Wallace, el nexo de unión entre los grandes relatos y los buenos chistes. Y supongo que, como yo, estará usted totalmente de acuerdo con Wallace pues no hay nada más tedioso que la explicación de un chiste o que aniquilen la imaginación y la poética de lo implícito, como hace D. Brown.
Por no mencionar el hecho de que el fenómeno de exformación vital otorga el leitmotiv a todos aquellos que no asumen la gran tragedia de la condición humana.

Llegados a este punto, podríamos afirmar que la exformación , de alguna forma, es juez y parte del esfuerzo intelectual que requiere cualquier manifestación. Por lo que el receptor, como agente activo, es quién decidirá el grado exformativo de la tendencia predominante. 

Cuanto menos esfuerzo cognitivo esté el receptor dispuesto a ejercer, menor será el grado de exformación.
En cuanto a la Arquitectura, la paulatina desaparición del fenómeno exformativo se traduce en la degeneración de la infografía. El brillo de los renders decadentes echa por tierra la genialidad de la medida, la luz y la sombre. La gravedad ya no existe.

Siento irme al extremo de la demagogia pero lo cierto es que más que indignado me siento abrumado por lo se nos viene encima. Para mí, uno de los mayores hallazgos durante mis estudios ha sido “el espesor de la arquitectura” y cómo Francisco Sáenz de Oiza, en su proyecto de viviendas en la rivera del Manzanares, utilizaba el grosor del tabique de la cocina americana para poder conseguir el ancho mínimo exigible a un comedor. Tan simple y poético como eso.

 Si bien es cierto que no es achacable el intento por parte de los arquitectos de no quedarse atrás en la pompa de lo espectacular, se está convirtiendo en un movimiento iconoclasta. Los arquitectos van cambiando las estrategias y sus instrumentos de trabajo. Se desdibujan plantas y se proyecta desde el render. Donde antes se acotaba hoy introducen recortes de imágenes de los grandes del movimiento moderno para así ironizar y darle un sentido al render, la obra no importa en absoluto, lo que importa es la infografía.
De esta manera no solo desaparece la poética de lo variable sino que desaparece por completo la interpretación, el proceso cognitivo. 

Me gustaría volver a ver paneles de concurso con medida, donde la planta, alzados y secciones ocupen el cien por cien del panel. Infografías con perspectivas, axonometrías y escala.

Hablo de que no me expliquen el chiste ni que me cuenten cómo el detective del relato cotejó las huellas dactilares, que no me den más datos de lo necesario. Quiero imaginar y sorprenderme y no pasar por el aro de la interpretación informática del espacio.

Sin embargo, el proceso exformativo se malentiende, se realizan fotomontajes magistrales en detrimento de la arquitectura. Actualmente no es solo un problema de "saber ver la arquitectura" sino de "saber mostrar la ARQUITECTURA".

lunes, 31 de mayo de 2010

"Puerta"

La discusión acerca de si una puerta está definida por el marco o por la hoja la introdujo en una de sus magistrales e interminables clase Miguel Garrido, al que desde aquí agradezco que lo hiciese. Agradezco también a José Pulido su ayuda, sin él no habría podido decir tanto de una puerta.

Pero antes habría que definir una puerta:

Por un lado encontramos a los partidarios de pensar que el concepto “puerta” está caracterizado por el hueco, seguramente por su voluntad generadora de tránsito, es decir, por su carácter de elemento de comunicación horizontal entre dos espacios diferentes. 

Y por otro lado encontraremos a los partidarios de que una puerta se distingue por su hoja, ya que el hueco es hueco y no por ello es puerta, la ventana también es hueco y establece una comunicación horizontal, y la ventana y la puerta son agentes totalmente diferenciados.

Ni hoja ni marco, lo verdaderamente fundamental de una puerta es el gozne, la bisagra que la articula y la hace girar propiciando sus dos estados, abierta y cerrada.

Metáforas del alma, algunas almas tienen miles de puertas. Algunas se abren hacia dentro (vida interior), y otras se abren hacia fuera (la alegría, la felicidad, en definitiva, las emociones).

La metáfora del amor la pintó Botticelli como un hombre que llora ante una puerta cerrada.

Hay entradas con las puertas muy pequeñas, como la gloria, al igual que hay entradas sin puertas, como el fracaso. Se entra a la vida a través de las puertas de la madre.
Nos gustaría que la mayor de las puertas fuesen puertos donde amarrar todas nuestras dudas.
La puerta también se asocia con el Voyeur, se asocia al mirón a través de la mirilla, que es como un ojo sin párpado, y que pestañea para mirar sin ser visto. Lo difícil no es mirar y ver, es contar lo mirado. Diana sabía, le dice a Acteón: “intenta ver si puedes ir por ahí diciendo que has visto a Diana desnuda”. Estremecimiento del arte que se basta a sí mismo, le sobran las palabras.

jueves, 13 de mayo de 2010

Frankenstein

A Alberto, mago de las palabras y conocedor de lo que verdaderamente importa.

Frankenstein no es un puzle, es un collage.
Un puzle necesita siempre un modelo, que es el mismo para iniciar su montaje. El puzle perfecto es el espejo, devuelve lo impecable, su modelo. Pero no quedan claras cuáles son sus piezas. Talla el tiempo tan diestramente que no nos damos cuenta, y así nos asomamos confiados todos los días, para poder reconstruir nuestra imagen…tan iguales, pero tan diferentes…