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lunes, 14 de octubre de 2013

Ella dijo que se iría y se llevaría
todo lo que fuese de ella,
y en efecto, se fue, y se llevó todas
sus cosas, todo lo que era suyo.
Se llevó todo. Y no me llevó a mi.

Y yo era suyo.

J. Porcupine.

domingo, 30 de mayo de 2010

Año autodestructivo

A las musas que un día se fueron sin despedirse de mi.

Soy el narrador de mi ignorancia. Un narrador mudo… 

Mis carencias parricidas tiñen de negro la venda de mis ojos. Empieza otro día, pero… el tedio y la soledad aún siguen aquí.  

Incluso creo que en ocasiones puedo verlas ahí sentadas, mirándome. Siempre van conmigo. Quiero ver el color de la sangre que corre por mis venas. Quiero oler el olor de mis cenizas. Quiero saltar al vacío desde el edificio más alto y destruir todo aquel acto edilicio que encuentre en mi camino contra la autodestrucción.

jueves, 6 de mayo de 2010

D.E.P. Agustino Pingarrón.

Estimado lector, supongo que usted ,más que nadie, precisamente por su condición humana comprenderá que atender a los instintos más básicos de la virilidad es inherente a sí misma.
Aunque claro, la necesidad convertida en abuso es vicio y esto es algo que comprendía bien Don Agustino Pingarrón, natural de Vargas de Tolosa, provincia de Toledo.

Poco ducho en madrugar desde que sus labores de labranza le jubilaran, no sentía complejos al reconocer que no existía fuerza divina que le quitara su ducha de los jueves, por supuesto, con su natural cambio de calzoncillos. Y aunque Don Agustino Pingarrón no abogaba por el naturismo, bien podría ser uno de sus mayores profetas pues usaba ropa interior como parabrisas del último esfuerzo de cada mañana, es comprensible que se sintiese algo incómodo si dejara que aquello le manchara también los calcetines.

El resto de la semana solía despertarse a mediodía, justo cuando salían los estudiantes a jugar al parque de detrás de su casa, dichosa sonatina.

Sin prisa, sabía que sólo tenía media hora para poder levantarse de la cama, enfundarse las alpargatas y, con ayuda de su andador, llegar al baño. Eran tan solo un par de metros. Aunque siempre tenía su cuña bajo la cama, por las mañanas prefería ir directamente al baño, desperezarse un poco y quiterse los peta zetas que tenía por legañas, sobre todo los miércoles.


Siempre era el mismo ritual, se levantaba de la cama, se enfundaba sus zapatillas de cuadros de franela y su batín de paño y acto seguido cogía su andador, del que no se despegaba desde que murió su mujer. Desde entonces tampoco conducía.

Una vez en el baño dejaba su andador en el hueco que quedaba entre el inodoro de porcelana que un día fue verde, y la pequeña bañera que tanto odiaba.
Era el único esfuerzo físico que se imponía todas las mañanas, y sin duda a él le bastaba.

Con ayuda del andador y apoyándose en el toallero empotrado de la pared, se subía a la taza para desde allí poder mirar a través de la claraboya de ventilación.

Subido al inodoro y sin soltar aquella barra de acero daba rienda suelta a la autocomplacencia de los más bajos instintos, no solía tardar mucho, pues era tal el apetito que sentía que nunca pasaba de tres o cuatro tintineos.

Tras echar un órdago a la grande, exhalaba ese bramido matutino que le daba de qué hablar el resto del día. Le gustaba comentar la jugada en su monólogo interior.

Cuando era sorprendido en la ventana, taciturno y tembloroso no dudaba en reprender a los estudiantes:
- Hijos de puta, dejad de hacer ruido
.
Y sin complicaciones daba el tercer toque de platillo y ponía fin a la liturgia.



Descanse en Paz Don Agustino Pingarrón, natural de Vargas de Tolosa, Provincia de Toledo. Máximo representante de la pinga Española. 

Falleció el pasado jueves día 6 de Mayo de 2012, a la edad de 83 años, desinhibido y recién duchado hizo del arte de la oratoria masculina su vida y de su vida reflejo de soledades.

El tanatorio de Veguillas de la Dolorosa busca a sus parientes más cercanos para que se hagan cargo de los Servicios Funerarios.

viernes, 29 de enero de 2010

En primera persona, como siempre

A Jacobo, mi único fan

A la luz tenue del desamparo, paseo por los recónditos entresijos de la adolescencia.
La relevancia de los pájaros que vuelan sobre mi cabeza no es en absoluto comparable con las ruinas donde anidan.

- Miro hacia la calle, enciendo un cigarro que posiblemente deje consumir en el cenicero. Exhalo el tedio gris de la nicotina y prosigo.-

Mis méritos son bisutería barata, pequeñas dosis de autocomplacencia, muestra de mi estancamiento.

- Dejo de escribir, sobrevuelo por un instante por las trazas básicas de mi problema, prosigo.-

Debería pensar en las formas, en lo rizomático, o al menos en los ritmos. Pero no, me interesa más la mueca desencajada del anciano que está sentado junto a mi. Me parece más atractivo imaginar qué pasaría si el invierno fuera eterno, si no existiera el suelo que piso o si el sol saliese a mi espalda. Qué ocurriría si no tuviese dudas, si dijese todo lo que pienso o si de verdad el amor fuera matemático.

- Dejo de escribir, necesito asumirlo.-

sábado, 26 de diciembre de 2009

El tiempo se acaba

Disfruta del tiempo como si se escapara de entre los dedos, pues realmente se escapa. Una vida plena es una vida inutil, la plenitud, en cuanto a vida se refiere, es conformarse con lo que uno tiene y eso, amigo mio, no es vida. Todo aquello que vive quiere más, no solo vivir, y es precisamente esa ambición la que le da vida a la vida.
Estoy tomando un cafetito en "el ruso" una pequeña cafetería de un pueblo a pocos kilómetros del mio. Aquí encontramos a la más amplia gama de infelicez que harían las delicias del catálogo de San Pedro.
A mi izquierda, a un par de mesas en dirección a la barra está Pepe, antes conocido como "Rosqui". Es un ex- jugador del Rayo Vallecano, que por diversas circunstancias, entre ellas una fuerte lesión, tuvo que dejar el fútbol de élite con apenas 21 años. Desde entonces fuma unos cuarenta cigarrillos diarios y toma unas 15 latas de cocacola, eso si, sin cafeína. La cafeína podría gravar aún la esquizofrenia paranoide que le provocó la depresión de dejar el fútbol tan joven y no tener nada donde caerse muerto.
Más allá, sentados en la barra, están Delfín y Alberto, posiblemente hablando de la nevada que ayer no les dejó sacar el coche de casa o de cuánto han cambiado los tiempos desde que ellos eran jóvenes. Eso si, ninguno de ellos es capaz de hablar de lo jodido que fue el divorcio de Delfín y los más que seguros traumas que le provocó a su hijo. Ni tampoco hablan de la grave situación económica en la que se encuentra alberto, que aun así se atreve a convidar a todos los que en la barra están sentados.
Un poco más allá, en dirección a la máquina tragaperras está Joaquín, "el tuerto". Me gustaría pensar que su vida fue interesante, que se quedó tuerto en alguna antigua guerra peleando por su patria, o quizá en una pelea a pecho descubierto contra tres o cuatro hombres armados. Pero no, lo más probable es que se quedará tuerto cortando leña o de alguna caida andando por el campo.
El camarero, Miguel Ángel, es el que más habla, pero en todas las conversaciones de la barra. Pero a la vez es el que más calla. Podría hablar de la cantidad de veces que le ha pillado la benemérita trapicheando con drogas o de lo raro que es su comportamiento cuando ve entrar a esos mismos agentes a su bar.

Éste, aunque quisiera, no es un pequeño muestrario de infelices. Quizá el más infeliz de los que aqui nos encontramos, soy yo, pues soy el único que se pregunta acerca de qué es la felicidad.
Me queda poco tiempo para saber qué es, quizá 50 o 60 años. Pero juro, por lo más sagrado, que nunca sabré lo que es.

Gracias a todos por leerme.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Otra vez te vas

A chechu, el ente graciosete que nos alegra y nos gobierna.

Otra vez te vas, atravesarás de nuevo el umbral de la puerta y sentirás el frio e impersonal abrazo de la flema francesa. Pero es aún peor la fragancia de tu ausencia.
Pero es que no te das cuenta que contigo aquí nos sentimos agusto ¡ Tú no tienes vergüenza!

En fín, ya da igual. Supongo que otra vez a fingir sonrisas a carpantas incomprensibles (que no incomprendidos). Quién me devolverá la mirada de estupor con una patata frita en la boca y una albóndiga en el gaznate ¡Odio el picante! Y siento no entender la gastronomía de los pueblos costeros de Madrid ¡Merluza con chorizo!

Sé de sobra que te hubiera gustado rememorar a chechu, una especie de ritual sagrado adorando a un tótem depresor, un vicio caro. Con sus correspondientes cánticos rumberos y oraciones a la chifla absurda. Repetir muletillas manidas y rememorar grandes momentos épicos del sofá amarillo.
Lo hemos intentado pero, yo por mi parte, no lo he conseguido. Supongo que pesaba más la idea de una nueva despedida. Han sido tres días de alivio contra el aburrimiento del sinsabor, pero sólo tres días.

Estoy más que seguro que algún día chechu volverá, será un chechu renovado, internacional y sobre todo, elitista. Pero hasta entonces solo puedo decir, hasta la vista, te echaremos de menos. Gracias por el regalo, por venir. Te queremos.