jueves 3 de junio de 2010
La "exformación" en la arquitectura.
lunes 31 de mayo de 2010
"Puerta"
domingo 30 de mayo de 2010
Año autodestructivo
jueves 13 de mayo de 2010
Frankenstein
jueves 6 de mayo de 2010
D.E.P. Agustino Pingarrón.
Poco ducho en madrugar desde que sus labores de labranza le jubilaran, no sentía complejos al reconocer que no existía fuerza divina que le quitara su ducha de los jueves, por supuesto, con su natural cambio de calzoncillos. Y aunque Don Agustino Pingarrón no abogaba por el naturismo bien podría ser uno de sus mayores profetas pues usaba ropa interior como parabrisas del último esfuerzo de cada mañana, es comprensible que se sintiese algo incómodo si dejara que aquello le manchara también los calcetines.
El resto de la semana solía despertarse a mediodía, justo cuando salían los estudiantes a jugar al parque de detrás de su casa, dichosa sonatina.
Sin prisa, sabía que sólo tenía media hora para poder levantarse de la cama, enfundarse las alpargatas y, con ayuda de su andador, llegar al baño. Eran nada más que un par de metros, y aunque siempre tenía su cuña bajo la cama, por las mañanas prefería ir directamente al baño, desperezarse un poco y quiterse los peta zetas que tenía por legañas, sobre todo los miercoles.
Siempre era el mismo ritual, se levantaba de la cama, se enfundaba sus zapatillas de cuadros de franela y su batín de paño y acto seguido cogía su andador, del que no se despegaba desde que murió su mujer, desde entonces tampoco conducía.
Una vez en el baño dejaba su andador en el hueco que quedaba entre el inodoro de porcelana que un día fue verde, y la pequeña bañera que tanto odiaba.
Era el único esfuerzo físico que se imponía todas las mañanas, y sin duda a él le bastaba.
Con ayuda del andador y apoyándose en el toallero empotrado de la pared, se subía a la taza para desde allí poder mirar desde la claraboya de ventilación.
Subido al inodoro y sin soltar aquella barra de acero daba rienda suelta a la autocomplacencia de los más bajos instintos, no solía tardar mucho, pues era tal el apetito que sentía que nunca pasaba de tres o cuatro tintineos.
Tras echar un órdago a chica rugía sin pavor, exhalaba ese bramido matutino que le daba de qué hablar el resto del día. Le gustaba comentar la jugada en su monólogo interior.
Cuando era sorprendido en la ventana, taciturno y tembloroso no dudaba en reprender a los estudiantes:
- Hijos de puta, dejad de hacer ruido
.
Y sin complicaciones daba el tercer toque de platillo y ponía fin a la liturgia.
Descanse en Paz Don Agustino Pingarrón, natural de Vargas de Tolosa, Provincia de Toledo. Máximo representante de la pinga Española.
Falleció el pasado jueves día 6 de Mayo de 2010, a la edad de 83 años, deshinibido y recién duchado hizo del arte de la oratoria masculina su vida y de su vida reflejo de soledades.
El tanatorio de Veguillas de la Dolorosa busca a sus parientes más cercanos para que se hagan cargo de los Servicios Funerarios.
martes 23 de febrero de 2010
Pequeñas pildorillas de pesimismo posmoderno
Fernando Pessoa: "Libro del desasosiego"
jueves 18 de febrero de 2010
"Kun- fú"
Poco a poco ibas olvidando tus dolencias. Cada día tenías más apetito ¡Vaya si tenías apetito! Cuando te llevaban galletas con leche te relamías como si fuera lo más rico que hubieses comido nunca pero, tampoco le hacías ascos a un buen taco de jamón. Nunca he visto a nadie que, en proporción, comiese tanto como tú ¡Apenas levantabas un palmo del suelo y ya eras capaz de comerte entera una lata de jamón cocido! Te encantaba. Aunque tampoco podías quejarte, cada vez que podía me acercaba a hurtadillas a darte algo de comer, aparte de lo que ya te ponían. Pero dejé de hacerlo cuando me di cuenta de que todos lo hacíamos, nos gustaba tanto verte comer que siempre nos escondíamos algo de comida en el bolsillo para luego dartelo a escondidas. Sobre todo abuelo, que un día abuela le pillo con medio plato de bacalao escondido en una servilleta, no le pilló por el olor, sino por el lamparón de grasa que crecía por momentos en su pierna.
Pasaste diez días acurrucado en una vieja colcha de flores que te había puesto mi madre en la bodega. Era tu pequeño refugio, tu reino. No salías de allí y así dejabas actuar a la naturaleza, que no tiene un pelo de tonta, para reponerte por completo.
No sabes cuánto me alegré cuando supe que te habías curado por completo y más, cuando fuiste tu quién me lo hizo saber pegando un brinco suicida desde la encimera de la bodega pero... ¡Voilà! El jovencísimo Kung Fu ya se había repuesto por completo, ya no cojeaba y la musicalidad de sus maullidos estremecía el más negro de los corazones y se hacía un hueco en las dependencias de lo imborrable, en mi memoria.
La verdad, amigo, es que como gato no te podías quejar. Vivías a cuerpo de rey "jodio", pero bueno, tampoco te portabas mal como esos gatos maleducados y ariscos que se ven por ahí... hay cada uno...
Tu salida de la bodega forzó tu entrada en la adolescencia y aunque ya habías conocido la amargura de todo aquello que ES nadie esperaba que tu inicio fuera idéntico en formas, pero no en tiempo, a tu final.
Todo era nuevo para ti, te asustabas hasta de las hojas que caían a tu lado.
Septiembre llegó sin avisar y el otoño fue ungiendo al verano, pero a ti eso ni te importaba, incluso parecías disfrutarlo, así las hojas de los carballos no te impedía subirte a las ramas más altas. Cada día más valiente, cada día más alegre, cada día más lozano.
Yo, por mi parte, tuve que volver a Madrid, ya sabes, por temas de la universidad. Pero de vez en cuando le preguntaba a abuela por ti. Al parecer no parabas de darle motivos para refunfuñar y quejarse, ya sabes cómo le gusta. Que si el gato me tira las macetas, que si el gato se come el pienso del perro, que si el gato esto, que si el gato lo otro.
Cada vez que iba al pueblo, que era con poca frecuencia, parecía que me reencontraba con un viejo amigo. Cada vez estabas más grande y hermoso, cada vez maullabas más alto y tu pelo se volvía más radiante por momentos. Me encantaba que al abrir la puerta de la verja, estuvieses donde estuvieses, corrías meneando el rabo para darme la bienvenida.
¿Y qué me dices de lo pesada que era Ana? No te soltaba. Pero bueno, le recordabas mucho a su gatito Benito, por cierto si le ves por ahí dale recuerdos. Pero bueno, tampoco te quejabas, te encantaba tanto abrazo.
Acaba de llegar Ana a casa, y están hablando de ti.
Y qué me dices de cuando te escapabas corriendo de los varazos del "bruxa". O cuando perdías el culo para llegar a la llamada de abuelo ¡¡¡KUUUUNG FÚ!!! Y cuando a escondidas te daba comida por la ventana.
Lucrecia, llegó hace ahora un par de meses y no te negaste a hacer de padrazo. Aunque si te tengo que decir la verdad, esa gatita nunca será como tu, es una arisca. Te echa de menos, está muy desorientada, yo creo que sigue esperando que vuelvas de uno de tus paseos, bueno, tu última escapada.
Kung fu, hoy te digo adiós. Digo adiós a un viejo amigo. A veces me gusta pensar que más allá del camino hay algo más, pero bueno Kung Fu lo cierto es que te vas como viniste, siendo víctima del devenir, del fluir del resto de las ánimas, y lo más triste, por culpa de un desalmado al volante de una cruel máquina de matar.
Descanse En Paz Kung Fu, solo espero que el desalmado que... que arda por siempre en el infierno.
Adiós viejo amigo.
viernes 12 de febrero de 2010
SE VENDE GENERACIÓN
Precio a convenir.
jueves 11 de febrero de 2010
viernes 29 de enero de 2010
De cobardes y valientes
Amigos, no son los sesenta, no es tiempo de consumir la vida en busca de justificación, en busca de un título perfecto para el esquema de una generación.
El absurdo de lo que no tiene sentido ya fue asumido hace tiempo y el Carpe Diem ya no está de moda.
Sé bien que no es una buena época y que las exigencias cada vez son mayores, pero ahí radica la diferencia entre cobardes y valientes.
De qué coño sirve vivir de pronto una vida impropia, de qué coño sirve comprar billetes para un tren que no para en mi destino.
Es una etapa de límites difusos aunque teóricamente bien definidos,
Realmente, lo que quiero decir es que es normal implorar auxilio al subconsciente, pero éste, como tal, no es racional.
Es decir, dejaos de gilipolleces y poneos las pilas.
En primera persona, como siempre
A la luz tenue del desamparo, paseo por los recónditos entresijos de la adolescencia.
La relevancia de los pájaros que vuelan sobre mi cabeza no es en absoluto comparable con las ruinas donde anidan.
- Miro hacia la calle, enciendo un cigarro que posiblemente deje consumir en el cenicero. Exhalo el tedio gris de la nicotina y prosigo.-
Mis méritos son bisutería barata, pequeñas dosis de autocomplacencia, muestra de mi estancamiento.
- Dejo de escribir, sobrevuelo por un instante por las trazas básicas de mi problema, prosigo.-
Debería pensar en las formas, en lo rizomático, o al menos en los ritmos. Pero no, me interesa más la mueca desencajada del anciano que está sentado junto a mi. Me parece más atractivo imaginar qué pasaría si el invierno fuera eterno, si no existiera el suelo que piso o si el sol saliese a mi espalda. Qué ocurriría si no tuviese dudas, si dijese todo lo que pienso o si de verdad el amor fuera matemático.
- Dejo de escribir, necesito asumirlo.-
sábado 2 de enero de 2010
Anita

Cuando anda por la calle, aunque vaya leyendo, su ritmo vá más allá de los primeros compases de "la marcha Radensky". ¡Y que nadie la interrumpa cuando tenga prisa!
Es curiosa y preguntona pero creo que en ese sentido la envidio. No tiene tope si hablamos de aprender, es una autentica esponja, aunque se he de ser sincero, una esponja que de vez en cuando sufre grandes brotes de amnesia.
Es inocente y buena persona, aunque nunca gasta energía en aprender un nombre nuevo, prefiere inventarselo, fantasear con los nombres que podrían, mejor, deberían tener los objetos que le rodean. A veces pienso que me gustaría introducirme en su mundo interior, estoy seguro que todo sería de colores, todo sería como... un cuadro de Dalí.
Si antes dije que lo que más me gustaba de ella era su personalidad tan humana y a la vez tan propia, posiblemente mentía. Según escribo no paro de encontrar en mi mente nuevos adjetivos pero si tengo que agruparlos, todos hablarían de lo bien que asumimos la linealidad del tiempo. Lo nuestro, a diferencia de mucho que he visto por ahí es, digamos como un tiburón, que solo puede nadar hacia adelante, siempre evolucionando hacia nuevos mundos. Sé que es caer en tóipicos manidos pero amigos, es cierto, cada minuto que paso con ella sobrevive. Me cuesta expresarme con claridad, pero es cierto. Cada minuto que paso con ella mata al anterior y lo entierra en mi recuerdo, porque cada minuto que está por venir siempre es mejor que el anterior. Qué te vas a esperar de Anita, solo cosas buenas.
He aqui una declaración de principios ya que con anita creo que he encontrado el fin, es cierto. Espero saber cuidarla tan bien como me cuida ella a mi pero... es imposible. Sé que con esa declaración pierdo mi impronta de tipo duro, pero al fin y al cabo qué atractivos tiene el amor si de vez en cuando no te permites este tipo de licencias.
Espero algún día leer cosas así de todos aquellos que me leáis, feliz año nuevo a todos.
sábado 26 de diciembre de 2009
El tiempo se acaba
Estoy tomando un cafetito en "el ruso" una pequeña cafetería de un pueblo a pocos kilómetros del mio. Aquí encontramos a la más amplia gama de infelicez que harían las delicias del catálogo de San Pedro.
A mi izquierda, a un par de mesas en dirección a la barra está Pepe, antes conocido como "Rosqui". Es un ex- jugador del Rayo Vallecano, que por diversas circunstancias, entre ellas una fuerte lesión, tuvo que dejar el fútbol de élite con apenas 21 años. Desde entonces fuma unos cuarenta cigarrillos diarios y toma unas 15 latas de cocacola, eso si, sin cafeína. La cafeína podría gravar aún la esquizofrenia paranoide que le provocó la depresión de dejar el fútbol tan joven y no tener nada donde caerse muerto.
Más allá, sentados en la barra, están Delfín y Alberto, posiblemente hablando de la nevada que ayer no les dejó sacar el coche de casa o de cuánto han cambiado los tiempos desde que ellos eran jóvenes. Eso si, ninguno de ellos es capaz de hablar de lo jodido que fue el divorcio de Delfín y los más que seguros traumas que le provocó a su hijo. Ni tampoco hablan de la grave situación económica en la que se encuentra alberto, que aun así se atreve a convidar a todos los que en la barra están sentados.
Un poco más allá, en dirección a la máquina tragaperras está Joaquín, "el tuerto". Me gustaría pensar que su vida fue interesante, que se quedó tuerto en alguna antigua guerra peleando por su patria, o quizá en una pelea a pecho descubierto contra tres o cuatro hombres armados. Pero no, lo más probable es que se quedará tuerto cortando leña o de alguna caida andando por el campo.
El camarero, Miguel Ángel, es el que más habla, pero en todas las conversaciones de la barra. Pero a la vez es el que más calla. Podría hablar de la cantidad de veces que le ha pillado la benemérita trapicheando con drogas o de lo raro que es su comportamiento cuando ve entrar a esos mismos agentes a su bar.
Éste, aunque quisiera, no es un pequeño muestrario de infelices. Quizá el más infeliz de los que aqui nos encontramos, soy yo, pues soy el único que se pregunta acerca de qué es la felicidad.
Me queda poco tiempo para saber qué es, quizá 50 o 60 años. Pero juro, por lo más sagrado, que nunca sabré lo que es.
Gracias a todos por leerme.
lunes 21 de diciembre de 2009
Otra vez te vas
Otra vez te vas, atravesarás de nuevo el umbral de la puerta y sentirás el frio e impersonal abrazo de la flema francesa. Pero es aún peor la fragancia de tu ausencia.
Pero es que no te das cuenta que contigo aquí nos sentimos agusto ¡ Tú no tienes vergüenza!
En fín, ya da igual. Supongo que otra vez a fingir sonrisas a carpantas incomprensibles (que no incomprendidos). Quién me devolverá la mirada de estupor con una patata frita en la boca y una albóndiga en el gaznate ¡Odio el picante! Y siento no entender la gastronomía de los pueblos costeros de Madrid ¡Merluza con chorizo!
Sé de sobra que te hubiera gustado rememorar a chechu, una especie de ritual sagrado adorando a un tótem depresor, un vicio caro. Con sus correspondientes cánticos rumberos y oraciones a la chifla absurda. Repetir muletillas manidas y rememorar grandes momentos épicos del sofá amarillo.
Lo hemos intentado pero, yo por mi parte, no lo he conseguido. Supongo que pesaba más la idea de una nueva despedida. Han sido tres días de alivio contra el aburrimiento del sinsabor, pero sólo tres días.
Estoy más que seguro que algún día chechu volverá, será un chechu renovado, internacional y sobre todo, elitista. Pero hasta entonces solo puedo decir, hasta la vista, te echaremos de menos. Gracias por el regalo, por venir. Te queremos.
Mamá, de mayor quiero ser hipervínculo
A Ana, por comprenderme, a veces.
Mamá de mayor quiero ser hipervínculo.
Te juro que sobrevolaré las trazas básicas de la cultura y las trataré con extrema sobriedad. Daré por muerto lo conocido y por inexistente lo venidero.
Sintetizaré épocas en una sola palabra y quizá las subraye y las pinte de azul. No seré más que un conector de conceptos que conoce los títulos pero no su contenido.
Y si así te hago feliz, mamá, haré lo posible para que todo el mundo me consulte en busca de respuesta a sus interrogantes.
Me atreveré a NOMBRAR a los grandes olvidando por completo a los mediocres.
Pero eso sí, nunca me disculparé por una información errónea ni por un enlace roto.
Mamá, te juro que sabré absolutamente nada de todo un poco, seré un hombre inconcluso y, no te prometo nada, pero intentaré ser confuso e incoherente.
Mezclaré sin reparo temas diferentes y sobre todo, mamá, intentaré menospreciar todo lo que se escape a mi razón.
El sinsabor del moderno
A judith, con cariño, vuelve ya.
Confinado en el exilio de la falsa cultura, no puedo más que reprimir mis impulsos modernicidas. Estoy condenado a bailar con sátiras burlonas de lo que un día fue conocimiento.
-Perdonenme todos, pues les odio de corazón.
Odio lo absurdo no pretendido y al pedante sin transfondo. Y por más que lo intento no dejo de odiar al artista sin concepto.
Malditos los que esconden el polvo bajo la alfombra, los burgueses insolventes que justifican su dersvergüenza con libros de autoayuda.
- Perdonenme todos pues hace ya tiempo que dejé de confiar en la cultura del moderno.
Las florituras estéticas ya no me interesan y simplemente me da pereza conceder tiempo que, por otro lado, amo malgastar.
No es que lo mio sea ser un déspota, digamos que es simple vanidad. No aspiro a ser el molde para un busto de glorieta ni descansar sobre un pedestal de granito en cualquier plaza de Madrid.
- Perdonenme todos, pues la nausea de la seda y el satén me produce alergia.
No es estética la apariencia, ni sano el despropósito. Son bragas con puntilla para dandys decadentes. Es así como acaba la cultura, es el fin de la riqueza. ¡Pan y circo! No es nada nuevo. Lo nuevo es que nada me sorprende.


